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Farmacogenética: Cómo tus genes transforman tu tratamiento

  • Foto del escritor: COLCAN Laboratorio Clínico
    COLCAN Laboratorio Clínico
  • hace 6 días
  • 3 Min. de lectura

La medicina siempre ha buscado tratamientos efectivos para la mayoría de pacientes, pero la realidad es que no todos respondemos igual a un mismo medicamento. Esta variabilidad —que durante años se atribuyó al azar o a factores externos— tiene un origen mucho más profundo: está escrita en nuestros genes. La farmacogenética, como explicó Ignacio Carvajal, Líder de Genética de C-Gen, durante un reciente webinar, permite que los tratamientos dejen de funcionar por ensayo-error y comiencen a ser realmente personalizados.


La farmacogenética analiza cómo nuestras variantes genéticas afectan la forma en que absorbemos, metabolizamos y eliminamos los medicamentos. Un pequeño cambio genético puede convertir un fármaco útil en uno tóxico, o hacer que una dosis estándar no funcione. Por eso, dos personas con el mismo diagnóstico y el mismo medicamento pueden tener respuestas completamente diferentes.


Carvajal hizo énfasis en que estas diferencias no surgen de un solo gen, sino de una red completa de procesos biológicos conocida como ADME: absorción, distribución, metabolismo y excreción. En cada una de estas etapas intervienen proteínas reguladas por genes específicos. Variantes en transportadores, enzimas metabolizadoras o dianas farmacológicas pueden alterar la eficacia e incluso la seguridad de un medicamento.


Para clasificar estas diferencias, la farmacogenética utiliza categorías llamadas fenotipos metabolizadores: lento, intermedio, normal o ultrarrápido. Los pacientes metabolizadores lentos suelen acumular el medicamento y tienen más riesgo de toxicidad; los ultrarrápidos, en cambio, lo eliminan tan rápido que no llega a hacer efecto. Identificarlos antes de iniciar un tratamiento permite evitar reacciones adversas y aumenta significativamente la probabilidad de éxito terapéutico.


Las áreas donde la farmacogenética ha demostrado mayor valor clínico, según Ignacio, son la cardiología, la psiquiatría y la oncología. Allí, los errores en la dosificación o en la elección del fármaco no solo producen efectos secundarios: pueden comprometer la vida del paciente. En oncología, donde cada decisión es crítica, la información genética permite seleccionar terapias más efectivas y reducir la exposición a medicamentos que pueden no funcionar.


Un caso emblemático es el tratamiento de la leucemia linfoblástica aguda con mercaptopurina. Dos genes, TPMT y NUDT15, determinan si el paciente tolerará la dosis estándar o si, por el contrario, desarrollará toxicidad severa. Las guías internacionales como CPIC recomiendan evaluar estos genes antes de comenzar el tratamiento. En algunos grupos poblacionales, las variantes de NUDT15 incluso tienen más peso que las de TPMT, lo que refuerza la importancia de considerar la diversidad genética de cada región.


Carvajal también destacó el uso de biomarcadores tumorales como HRD en cáncer de ovario, esenciales para decidir si una paciente se beneficiará de terapias como los inhibidores PARP. Cuando el tumor es HRD negativo, insistir con ese tratamiento no tiene sentido: la farmacogenética orienta hacia opciones más efectivas y personalizadas.


Durante la sesión de preguntas, se abordaron dudas clave del público. Una de ellas fue si todas las variantes encontradas en un estudio genético son relevantes para la farmacogenética. Ignacio aclaró que no: solo interesan aquellas variantes con impacto demostrado en la respuesta a fármacos. Muchas variantes son benignas o no tienen evidencia clínica suficiente. Por eso, las interpretaciones deben basarse en fuentes confiables como PharmGKB y guías actualizadas como CPIC, que traducen el genotipo en recomendaciones prácticas.


Otro punto importante fue la costo-efectividad. Ignacio mencionó que más del 70% de los estudios publicados demuestran que la farmacogenética reduce costos en salud: disminuye las hospitalizaciones por reacciones adversas, evita tratamientos ineficaces y reduce el tiempo perdido ajustando medicamentos por ensayo-error. No solo es clínicamente útil: también es económicamente inteligente.


En cuanto a la tecnología, explicó que los estudios pueden hacerse mediante secuenciación masiva (NGS), paneles dirigidos o microarreglos de SNPs. Lo esencial no es la técnica, sino la interpretación. Un informe de valor debe incluir el genotipo, el fenotipo metabolizador, la implicación clínica y una recomendación clara basada en una guía vigente.


Finalmente, Ignacio recordó que la farmacogenética no se limita a los tratamientos médicos. También puede incluir marcadores de nutrición, deporte, intolerancias o riesgos prevenibles. Todo esto abre la puerta a un bienestar verdaderamente personalizado, donde cada decisión se fundamenta en la biología única de cada persona.


La farmacogenética no es el futuro, es el presente. Ya está transformando la forma en que entendemos la medicina y debería integrarse como parte habitual de la historia clínica.

Tratar a un paciente sin considerar su genética es, cada vez más, como prescribir a ciegas. Conocer esa información no es un lujo tecnológico: es la manera más precisa, segura y ética de practicar la medicina moderna.


Puede revivir este webinar ingresando a: https://youtu.be/KQIJM7Khayg

 
 
 

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